¿Se Puede Defender los Evangelios Como Relatos de Testigos Oculares?

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(Can the Gospels Be Defended As Eyewitness Accounts?)

A veces me sorprende que los escépticos resistan la afirmación (por lo menos) de que los Evangelios están escritos como relatos de testigos oculares. Podemos argumentar si los Evangelios son pura ficción o no, o si son acertados o no. Pero la idea de que los Evangelios se puedan leer como relatos de testigos oculares para mí es más bien nada asombrosa. Los Evangelios registran eventos desde la perspectiva de escritores que bien sea vieron los eventos con sus propios ojos o tuvieron acceso a quienes los vieron. El autor del Evangelio de Juan describe una reunión entre Jesús y sus discípulos. Esta reunión aparece incluir al autor y hace la siguiente afirmación:

«Éste es el discípulo que da testimonio de estas cosas, y escribió estas cosas; y sabemos que su testimonio es verdadero». (Juan 21:24).

Parece ciertamente que el autor se considera a sí mismo a la vez participante en la narrativa así como también reportero (testigo ocular) del evento. Para mí esto me parece más bien nada impresionante. Incluso si el autor es alguien diferente de Juan, la afirmación (por lo mínimo) de que el autor es un testigo ocular parece clara. Además, el autor del Evangelio de Lucas se describe a sí mismo como historiador que tuvo acceso a los testigos oculares:

«Puesto que ya muchos han tratado de poner en orden la historia de las cosas que entre nosotros han sido ciertísimas, tal como nos lo enseñaron los que desde el principio lo vieron con sus ojos, y fueron ministros de la palabra, . . .»

Incluso si el autor de Lucas no era él mismo un testigo ocular, parece que creía que estaba registrando la verdadera historia tal como le fue entregada por testigos presenciales. Una vez más, esto parece poco destacable.

Los relatos de los Evangelios son escritos por autores conocidos
Pero, ¿qué tal si no sabemos precisamente quienes escribieron los Evangelios? ¿Los invalida eso como testimonios de testigos oculares? No veo por qué debería. Permítanme ofrecer una observación sencilla. La mayoría de los que afirman que los Evangelios han sido atribuidos a personas que no fueron los verdaderos autores arguyen que la iglesia temprana intentó validar los textos atribuyéndoselos falsamente a ellos. Si es así, ¿por qué usar Marcos y Lucas como atribuciones? ¿Por qué no usar a alguien con mayor estatus? ¿Han notado ustedes que los Evangelios ficticios posteriores (tales como el evangelio de Judas, María, Felipe o Tomás) es mucho más probable que hayan sido atribuidos a autores que estuvieron cerca de Jesús y más cerca a la acción? Mientras tanto, dos de los cuatro relatos que aparecen más temprano en la historia (los cuatro Evangelios canónicos) ¡se atribuyen a personas que ni siquiera afirmaron haber estado presentes durante el ministerio de Jesús! Si yo tratara de engatusar a potenciales convertidos ingenuos, hubiera escogido mejores atribuciones falsas que estos dos Evangelios. Y respecto a los Evangelios de Mateo y Juan, no estoy seguro por qué importa si han sido atribuidos apropiadamente (aunque yo considero que lo han sido). La pregunta real es simplemente si se puede confiar en estos relatos. ¿Son confiables?

Los relatos de los Evangelios fueron escritos temprano
El asunto más importante, me parece, es si los Evangelios fueron o no escritos temprano lo suficiente como para que quienes en realidad vivieron al tiempo en que los eventos transpiraron pudieran verificarlos o declararlos falsos. He escrito bastante acerca de la fecha temprana de los Evangelios y la cadena de custodia que garantiza su confiabilidad, así que no voy a volver a escribir eso de nuevo en este artículo. Más bien, permítame hacer una analogía sencilla.

Imagínese que yo le cuento de un evento asombroso en el pasado. ¿Sabía usted que hubo una vez un inventor a fines del siglo dieciocho, que, usando materiales rústicos, pudo construir un computador e inventar la Internet? Tal como lo oye, el computador y la Internet fueron en realidad inventados en la década de 1790. Pero en tanto que este inventor llegó a ser famoso por su invención, a la larga se murió y nadie pudo replicar su obra. Pasaron casi 170 años antes de que la tecnología fuera replicada.

Si yo le dijera eso, y afirmara que es verdad, apuesto a que usted dudaría de mi afirmación. Si acaso no por otra razón, usted se preguntaría a sí mismo por qué nunca había oído tal cosa antes de mi aseveración. Después de todo, la invención del computador y la Internet habrían ciertamente dejado una impresión en la gente de ese tiempo. ¿Acaso alguien no habría escrito al respecto? ¿Acaso usted no habría oído algo al respecto antes de mi afirmación? ¿Algo? A mí me parece que habría sido más difícil hacer una afirmación acerca de un hombre que obraba milagros que resucitó de los muertos y en un tiempo vivió en su parte del mundo. ¿Acaso los galileos del segundo o tercer siglo no se hubieran preguntado por qué es que no habían oído algo respecto a este hombre? ¿Algo? Me parece irrazonable que una afirmación histórica posterior acerca de un hombre como Jesús hubiera sido creíble a personas que por lo menos estaban familiarizados con su propia historia.

Los relatos de los Evangelios han sido consistentes con el paso del tiempo
Si los Evangelios son tempranos, la única pregunta que queda por hacer es si su contenido ha sido modificado. Y allí es en donde los escritos de los padres de la iglesia son extremadamente útiles. Los escritos de Ignacio, Policarpo y Clemente pintan un cuadro de lo que había sido enseñado por los apóstoles en el primer siglo. Nadie duda de que los apóstoles vivieron en el primer siglo; los escépticos simplemente dudan de que los apóstoles escribieran algo, o de que sus escritos hayan sobrevivido sin corrupción. Pero las enseñanzas de Ignacio, Policarpo y Clemente reflejan muy de cerca las de sus maestros (Juan y Pablo). Los escépticos pueden cuestionar detalles específicos de los Evangelios si quieren, pero el cuadro panorámico de Jesús como obrador de milagros que afirmaba ser Dios y que resucitó de los muertos es tan claro en los escritos de estos primeros estudiantes como lo fue en los escritos de sus mentores, los mismos que afirmaron ser testigos oculares del Cristo resucitado.

Así que, ¿por qué los escépticos niegan la fecha temprana de los documentos del Nuevo Testamento? ¿Se basa esto en algún manuscrito descubierto que demuestra la llegada tardía del texto? No. Mientras más descubrimos relativo a la evidencia de manuscritos antiguos, más temprano podemos fechar trozos y textos parciales de los Evangelios.

Resulta que los escépticos niegan la fecha temprana de los Evangelios primordialmente basados en presuposiciones naturalistas. Jesús, después de todo, predijo la destrucción del templo de Jerusalén (Mateo 24); los escépticos no pueden aceptar los atributos sobrenaturales de la profecía, así que este pasaje debe haber sido escrito después del año 70 d. C. (fecha de la destrucción). Además, otros milagros descritos en los Evangelios deben haber sido escritos mucho tiempo después de que cualquier testigo ocular pudiera haber estado vivo para negarlos, ¿verdad?

Pienso que hay evidencia más que suficiente para poner los Evangelios temprano en la historia y determinar su confiabilidad partiendo de los escritos de aquellos que se sentaron a los pies de los apóstoles. Click To Tweet

Pienso que hay evidencia más que suficiente para poner los Evangelios temprano en la historia y determinar su confiabilidad partiendo de los escritos de aquellos que se sentaron a los pies de los apóstoles. La resistencia de los escépticos puede tener menos que ver con la evidencia aquí que con presuposiciones que sostienen aquellos que examinan la evidencia.

J. Warner Wallace es un detective de homicidio en casos fríos, Senior Fellow en el Colson Center for Christian Worldview, profesor adjunto de apologética en la Universidad de Biola, y autor de Cristianismo, Caso Resuelto and Fe Forense.

Cuando Wallace aplicó sus habilidades como perito detective a las afirmaciones del Nuevo Testamento, llegó a una comprensión sorprendente: el caso por el cristianismo fue tan convincente como cualquier caso con el cual él jamás había trabajado como detective. El libro Cristianismo: Caso Resulto ofrece una apologética única que habla del interés intenso de los lectores en las historias de detectives. El Cristianismo: Case Resuelto inspira a los lectores a tener confianza en Cristo mientras los prepara para articular el caso para el cristianismo.

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